No es solo un smartphone, es una nueva forma de vivir y recordar cada momento
Hay dispositivos que llegan a tus manos para cumplir una función concreta. Otros, en cambio, terminan cambiando por completo la forma en la que disfrutas de ciertas experiencias. Después de varios días utilizando el vivo X300 Ultra con su Kit Fotográfico, tengo bastante claro que este pertenece al segundo grupo. Y no, no exagero.
Podría empezar hablándote de su procesador, de su pantalla o de su impresionante sistema de cámaras firmado junto a ZEISS. Todo eso llegará más adelante, porque hay mucho que contar. Sin embargo, sería injusto reducir este dispositivo a una simple lista de especificaciones. El vivo X300 Ultra va mucho más allá de ser un teléfono de gama alta. Es un dispositivo que consigue que prestes menos atención al propio teléfono y más a lo que estás viviendo. Y eso, para mí, tiene muchísimo valor.
Hace unos días llegó a casa y apenas tuve tiempo de configurarlo antes de meterlo en uno de los escenarios más exigentes que se me ocurren para probar una cámara: el Bilbao BBK Live. Dos jornadas seguidas, miles de personas, escenarios enormes, iluminación cambiante, humo, focos, movimiento constante y conciertos que, sinceramente, quería disfrutar sin estar pendiente de si las fotos iban a salir bien o no.
Porque esa es otra. Cada vez hacemos más fotografías, pero muy pocas terminan transmitiendo realmente lo que hemos vivido. Muchas veces acaban siendo simples recuerdos almacenados en la galería del móvil que apenas volvemos a abrir. Con este teléfono me ha ocurrido justo lo contrario. He llegado a casa con imágenes que me apetecía volver a ver una y otra vez.
Robbie Williams puso a prueba el teleobjetivo… y terminó sorprendiendo a todo el mundo
La primera jornada tenía un nombre propio: Robbie Williams.
Llegué con bastante tiempo de antelación, aunque no lo suficiente como para conseguir una posición privilegiada. Me tocó situarme bastante lejos del escenario. Lo asumí con filosofía. Al fin y al cabo, forma parte de la experiencia de un festival. Lo que no esperaba era que esa distancia dejara de importar prácticamente desde el momento en que coloqué el objetivo del Kit Fotográfico sobre el teléfono.
Había visto vídeos antes de recibir el dispositivo. Había leído las cifras oficiales y conocía todo el trabajo que vivo había realizado junto a ZEISS para desarrollar este sistema fotográfico. Pero una cosa es leer una ficha técnica y otra muy distinta comprobarlo en un concierto de verdad.
Fue colocar el teleobjetivo, abrir la cámara y empezar a sonreír.
De repente, Robbie Williams dejó de ser un artista diminuto perdido entre focos y pantallas gigantes. Empezó a ocupar toda la pantalla del teléfono con un nivel de detalle que, sinceramente, no esperaba encontrar en un smartphone.
Y entonces ocurrió algo que me hizo bastante gracia.
La gente que tenía alrededor empezó a fijarse en la pantalla de mi teléfono.
Al principio era la típica mirada de curiosidad. Después comenzaron los comentarios.
—»¿Pero eso está hecho con un móvil?»
—»¿Cómo puedes acercarte tanto?»
—»Enséñame esa foto otra vez.»
No era para menos.
Mientras muchos intentaban hacer zoom digital perdiendo calidad por el camino, yo estaba capturando imágenes que parecían tomadas desde las primeras filas. En más de una ocasión terminé enseñando las fotografías a personas que ni siquiera conocía porque no daban crédito a lo que estaban viendo.
Y ahí comprendí algo.
El Kit Fotográfico no es un accesorio pensado para presumir de cifras. Está diseñado para resolver uno de los mayores problemas de cualquier aficionado a los conciertos: la distancia.
Da igual que el escenario esté a cincuenta, cien o más metros. Cuando empiezas a utilizar este sistema, dejas de pensar en dónde estás colocado y empiezas simplemente a disfrutar del espectáculo.
Una filosofía completamente distinta
Llevo muchos años haciendo fotografías.
También soy usuario habitual de cámaras mirrorless, así que no soy precisamente alguien que se impresione con facilidad cuando aparece un nuevo teléfono prometiendo revolucionar la fotografía móvil. Cada año escuchamos el mismo discurso. Más megapíxeles, más inteligencia artificial, mejores algoritmos y un procesamiento más avanzado.
Pero aquí hay algo diferente.
El vivo X300 Ultra no intenta convencerte mediante números. Lo hace con resultados.
Su enorme módulo fotográfico deja claro desde el primer momento cuáles son sus prioridades. Hay quien lo verá excesivamente grande. Es cierto que no pasa desapercibido y que convierte al teléfono en un dispositivo contundente. Sin embargo, después de utilizarlo durante unos días entendí perfectamente por qué está ahí.
No es un elemento de diseño.
Es una declaración de intenciones.
Todo el desarrollo del dispositivo gira alrededor de la fotografía. Y eso se nota tanto en el hardware como en el software.
El Kit Fotográfico termina de completar esa idea aportando algo que, una vez pruebas, cuesta dejar atrás: ergonomía.
El grip transforma completamente la experiencia de uso. Sujetar el teléfono deja de parecerse a utilizar un smartphone y empieza a recordar mucho más a una cámara tradicional. El disparador físico, los controles adicionales y el mejor agarre hacen que sacar fotografías durante horas resulte mucho más cómodo de lo que imaginaba.
En un festival como el BBK Live esto marca una diferencia enorme.
Pasas mucho tiempo con el teléfono en la mano, alternando entre fotografías, vídeos y momentos en los que simplemente quieres tenerlo preparado para no perder ninguna escena. Con el Kit Fotográfico nunca tuve la sensación de estar utilizando un accesorio incómodo o aparatoso. Todo lo contrario. Después de unos minutos se vuelve completamente natural.
Cuando la tecnología desaparece y solo queda el momento
Creo que ahí está el mayor logro del vivo X300 Ultra. No hace que estés pendiente del teléfono. Hace exactamente lo contrario.
Consigue que olvides que lo llevas entre las manos porque sabes que, cuando pulses el disparador, la fotografía va a salir prácticamente como la estás viendo. No tienes que repetir la toma cinco veces. No tienes que cruzar los dedos esperando que el enfoque haya acertado. No tienes que pensar si el zoom va a destrozar la imagen.
Simplemente disfrutas del concierto y disparas cuando realmente merece la pena.
Ese nivel de confianza termina cambiando incluso la forma en la que vives el evento. En lugar de grabarlo todo durante minutos interminables, empiezas a seleccionar los instantes que realmente quieres conservar. Paradójicamente, haces menos fotos… pero muchísimas mejores.
Esa es la razón por la que decía al principio que el vivo X300 Ultra no es únicamente un smartphone. Es un dispositivo que mejora la experiencia de vivir determinados momentos.
Y esa sensación quedó todavía más clara al día siguiente, cuando me tocó cambiar la distancia del escenario por las primeras filas para disfrutar de otro concierto completamente diferente. Ahí descubrí que este teléfono todavía tenía mucho más que enseñarme.
Del teleobjetivo a la primera fila: una segunda jornada completamente distinta
Si la primera jornada del Bilbao BBK Live sirvió para demostrarme hasta dónde era capaz de llegar el teleobjetivo del vivo X300 Ultra, la segunda iba a ser justo lo contrario. Cambiaba la distancia por la cercanía, el reto de fotografiar un escenario lejano por el de desenvolverse prácticamente pegado a los músicos. Y sí, tocaba uno de esos conciertos que llevaba semanas esperando. Bueno… oficialmente era Bigger Splash, aunque todos sabemos que, por un momento, el espíritu de Arde Bogotá estuvo muy presente. Cosas de las bromas que nunca pasan de moda.
Esta vez la estrategia fue diferente. Llegué con tiempo, me coloqué en las primeras filas y, cuando las luces empezaron a apagarse, ya tenía claro que el vivo X300 Ultra iba a volver a tener trabajo. Lo que no esperaba era encontrarme con un problema completamente opuesto al del día anterior.
Había momentos en los que estaba tan cerca del escenario que tenía que retirar el teleobjetivo del Kit Fotográfico porque, sencillamente, veía demasiado. Puede sonar exagerado, pero hubo instantes en los que podía distinguir hasta el más mínimo detalle del rostro de Antonio. Entre foco y foco, con los cambios de iluminación y el movimiento constante, la sensación era la de estar fotografiando un ensayo privado más que un concierto multitudinario.
Y eso dice mucho del conjunto que ha creado vivo.
Porque normalmente asociamos un gran sistema fotográfico con la posibilidad de acercarnos a lo que está lejos. Sin embargo, la verdadera dificultad está en conseguir que todo funcione igual de bien cuando cambian por completo las condiciones. Pasar de fotografiar un escenario a decenas de metros a hacerlo prácticamente desde debajo del cantante supone un reto enorme para cualquier cámara. El vivo X300 Ultra no solo respondió bien, sino que volvió a transmitir esa sensación de confianza que ya había experimentado el día anterior.
El Kit Fotográfico no es un accesorio, es parte de la experiencia
Reconozco que antes de recibir el teléfono tenía ciertas dudas sobre el Kit Fotográfico. Pensaba que acabaría utilizándolo únicamente en momentos puntuales, como un complemento curioso para hacer algunas pruebas y volver después al teléfono «normal». No podría haber estado más equivocado.
Conforme pasaban las horas entendía mejor por qué vivo ha decidido convertirlo en parte de la experiencia del dispositivo.
El grip cambia por completo la forma de sujetar el teléfono. Parece un detalle menor hasta que llevas varias horas haciendo fotografías y grabando vídeo sin parar. Ahí es donde empiezas a valorar que todo esté pensado para resultar cómodo, estable y natural.
La sensación recuerda mucho a la de una cámara tradicional. El disparador físico responde de maravilla, el agarre transmite seguridad incluso cuando levantas el brazo entre cientos de personas y el conjunto invita continuamente a seguir haciendo fotografías.
Es curioso porque, en ningún momento, tuve la impresión de estar utilizando un smartphone disfrazado de cámara.
Más bien sucedía al revés.
Había ocasiones en las que olvidaba que realmente seguía teniendo entre las manos un teléfono capaz de responder mensajes, consultar mapas o revisar el horario del festival. Durante el concierto era, simplemente, mi cámara.
Y creo que esa es una de las mayores virtudes del vivo X300 Ultra.
No pretende sustituir a una cámara profesional porque sí. Lo que consigue es que no eches de menos muchas de las sensaciones que buscas cuando utilizas una.
Cuando las fotografías hablan por sí solas
No suelo presumir de las fotografías que hago.
De hecho, quien me conoce sabe que soy bastante autocrítico con mi trabajo. Siempre encuentro algún detalle que podría haber mejorado, un encuadre diferente o un momento ligeramente mejor para disparar, pero esta vez voy a permitirme una pequeña licencia.
Las fotografías que me traje de esa segunda jornada son, sencillamente, espectaculares. Sí, lo digo yo. Y lo hago porque buena parte del mérito no está únicamente detrás del visor, sino delante de él. La combinación del sensor principal de gran tamaño, la óptica desarrollada junto a ZEISS, el procesamiento de imagen y el trabajo que realiza el software consigue unos resultados que sorprenden incluso cuando revisas las imágenes en una pantalla grande al llegar a casa:
- Hay textura.
- Hay detalle.
- Hay rango dinámico.
Las luces del escenario mantienen su fuerza sin devorar completamente las sombras y los colores transmiten muy bien el ambiente real del concierto. Esa mezcla entre iluminación artificial, humo, pantallas LED y movimiento constante suele poner en serios aprietos a cualquier sistema fotográfico. Aquí, sin embargo, el resultado mantiene una naturalidad que me ha gustado muchísimo.
Y lo mejor es que no necesitas pelearte continuamente con los ajustes.
Puedes disparar prácticamente sin pensar porque sabes que el teléfono va a interpretar muy bien la escena.
Eso hace que dejes de mirar la pantalla cada dos fotografías para comprobar si todo ha salido correctamente. Simplemente continúas disfrutando del concierto.
Film Style: cuando el vídeo deja de parecer un vídeo grabado con el móvil
Las fotografías fueron una sorpresa, pero si hubo una función con la que realmente disfruté fue con el modo Film Style.
No soy de esos que graban conciertos enteros. Prefiero capturar pequeños fragmentos, esos momentos concretos que, cuando vuelves a verlos meses después, consiguen transportarte exactamente al lugar donde estabas. Con Film Style sucede algo muy interesante.
Desde el primer momento notas que el vídeo adquiere una personalidad diferente. No se limita a aplicar un filtro bonito. Hay un tratamiento del color, de la luz y de la atmósfera que consigue acercar el resultado a una estética mucho más cinematográfica.
Durante el concierto grabé varias secuencias alternando planos generales, acercamientos y pequeños movimientos de cámara aprovechando el excelente estabilizador del dispositivo. Cuando las revisé más tarde tuve esa sensación que rara vez aparece con un smartphone: parecía material grabado con un equipo mucho más especializado.
No quiere decir que sustituya una producción profesional ni muchísimo menos, pero sí consigue que esos vídeos que normalmente terminarían olvidados en la galería se conviertan en recuerdos con un aspecto muchísimo más cuidado. Y eso, al final, vuelve a conectar con la filosofía que me ha acompañado durante toda esta experiencia.
No se trata únicamente de obtener buena calidad, se trata de conservar recuerdos de una forma mucho más especial.
ZEISS no está aquí como simple nombre comercial
En los últimos años hemos visto muchas colaboraciones entre fabricantes de smartphones y marcas históricas de fotografía. Algunas aportan valor real y otras se quedan en un simple logotipo estampado sobre el módulo de cámaras.
Después de utilizar el vivo X300 Ultra durante varios días tengo claro que, en este caso, la colaboración con ZEISS va mucho más allá del marketing.
Se aprecia en el comportamiento de las ópticas, en el tratamiento de la imagen y también en pequeños detalles que solo empiezas a valorar cuando llevas muchas fotografías encima.
El sistema ofrece una versatilidad enorme gracias a sus diferentes distancias focales y a un teleobjetivo que, combinado con el objetivo externo del Kit Fotográfico, permite acercarse a escenas que hasta hace muy poco parecían imposibles desde un teléfono móvil. No es únicamente una cuestión de alcance; es la capacidad de mantener un nivel de detalle sorprendente incluso cuando trabajas con focales muy largas.
Durante el festival fui alternando constantemente entre distintas perspectivas. En cuestión de segundos podía pasar de capturar un plano general del escenario con todo el juego de luces a centrarme únicamente en la expresión de un músico. Esa flexibilidad hace que el teléfono se adapte a la escena en lugar de obligarte a adaptarte tú a sus limitaciones.
Y esa, precisamente, es una de las mayores diferencias respecto a otros smartphones que he utilizado en los últimos años.
Aquí siento que tengo herramientas para crear la fotografía que quiero, no simplemente para conformarme con la que el teléfono puede hacer.
Potencia para olvidarte de los porcentajes de batería y centrarte en disfrutar
Cuando un fabricante apuesta tan fuerte por la fotografía, siempre aparece la misma duda. ¿Qué ocurre con la autonomía cuando pasas horas utilizando la cámara, grabando vídeo, tirando del zoom y revisando continuamente las imágenes?
Era una pregunta que también me hacía antes de empezar esta prueba y, precisamente por eso, el Bilbao BBK Live terminó siendo el escenario perfecto para responderla.
Entre las dos jornadas hice cientos de fotografías, grabé bastantes vídeos, utilicé el teleobjetivo del Kit Fotográfico durante largos periodos de tiempo, compartí imágenes con amigos, consulté los horarios del festival, respondí mensajes, utilicé aplicaciones de transporte para volver a casa y, como cualquiera que haya ido a un festival sabe, la pantalla apenas descansa durante toda la jornada.
En ningún momento tuve esa ansiedad que aparece con otros teléfonos cuando empiezas a ver cómo el porcentaje de batería cae más rápido de lo que te gustaría.
El vivo X300 Ultra monta una enorme batería de 6.400 mAh, una cifra que ya impresiona sobre el papel, pero que cobra todavía más sentido cuando entiendes el tipo de usuario al que va dirigido este dispositivo. No está pensado para quien hace tres fotografías al día. Está diseñado para quienes convierten el móvil en su cámara principal durante horas.
A esa batería hay que sumarle la eficiencia del Qualcomm Snapdragon 8 Elite 5, un procesador que demuestra constantemente por qué pertenece a la gama más alta del mercado. No solo ofrece potencia cuando hace falta, sino que también gestiona muy bien el consumo energético para que el conjunto mantenga un equilibrio difícil de encontrar en dispositivos tan ambiciosos.
Mi sensación durante estos días ha sido muy sencilla: podía olvidarme de la batería.
Y cuando un teléfono consigue eso, significa que está haciendo muy bien su trabajo.
Porque la tecnología debería servir precisamente para eso. Para acompañarte, no para preocuparte.
Mucho más que una cámara
Sería muy fácil reducir el vivo X300 Ultra a su espectacular apartado fotográfico.
Sería comprensible.
Pero también sería tremendamente injusto.
Todo el dispositivo transmite esa sensación de producto «Ultra». Desde el primer momento notas que no hay un apartado descuidado. La pantalla AMOLED de gran formato ofrece un brillo espectacular incluso bajo el sol del verano, algo que agradecí muchísimo durante los conciertos. Poder revisar fotografías, comprobar el enfoque o grabar vídeo sin tener que buscar una sombra parece un detalle menor… hasta que pasas varias horas al aire libre.
La fluidez tampoco admite discusión. La elevada tasa de refresco hace que todo se mueva con una suavidad excelente, desde la navegación por el sistema hasta la edición rápida de fotografías o el cambio entre aplicaciones.
Y luego está el rendimiento.
Sencillamente vuela.
No importa cuántas fotografías hagas, cuántos vídeos grabes o cuántas aplicaciones tengas abiertas. Todo responde de manera inmediata. El procesado de imágenes es rapidísimo, el cambio entre cámaras apenas tiene espera y la sensación general es la de estar utilizando uno de esos dispositivos que seguirán rindiendo al máximo nivel durante muchos años.
Sí, es grande… pero ahora entiendo por qué
No voy a engañar a nadie. El vivo X300 Ultra es un teléfono grande, muy grande. Y el enorme módulo de cámaras tampoco ayuda precisamente a pasar desapercibido.
Estoy convencido de que habrá personas para las que este tamaño sea un inconveniente. Es algo completamente comprensible, pero también creo que, una vez entiendes todo lo que es capaz de ofrecer, empiezas a verlo con otros ojos.
Ese módulo alberga uno de los sistemas fotográficos más avanzados que he probado nunca en un smartphone. Ese tamaño también permite integrar una batería gigantesca. Ese espacio adicional mejora la disipación térmica cuando pasas mucho tiempo grabando vídeo o haciendo fotografías.
En otras palabras, las dimensiones tienen una explicación. No responden únicamente al diseño. Responden a una filosofía muy concreta. Y después de convivir con él durante varios días, sinceramente, he dejado de ver el tamaño como un inconveniente para empezar a verlo como parte de su personalidad.
La comparación que nunca pensé que haría
Hay una confesión que llevo retrasando desde el principio del análisis. Soy usuario de una cámara mirrorless desde hace años.
También utilizo un Google Pixel 9 Pro, un teléfono que considero una auténtica referencia en fotografía computacional y que me ha acompañado en infinidad de viajes, eventos y presentaciones. Por eso llegué al vivo X300 Ultra con bastante escepticismo.
No esperaba encontrar una revolución. Esperaba encontrar otro gran teléfono con una gran cámara. Lo que no esperaba era replantearme cuándo merece realmente la pena sacar la mirrorless de la mochila.
Quiero dejar algo muy claro. No estoy diciendo que el vivo X300 Ultra sustituya a una cámara profesional. Cada herramienta tiene su lugar. Una mirrorless sigue ofreciendo ventajas evidentes cuando hablamos de determinados trabajos, ópticas intercambiables o necesidades muy concretas. Pero sí creo que este teléfono reduce esa distancia muchísimo más de lo que imaginaba. Lo suficiente como para que, en muchas situaciones, no sienta la necesidad de cargar con una cámara adicional. Y eso, para alguien que lleva años fotografiando con equipos dedicados, es probablemente el mayor halago que puedo hacerle.
Un teléfono que invita a salir y crear
Hay móviles que pasadas dos semanas terminan utilizándose exactamente igual que el anterior.
Con este no me ha ocurrido. Desde que llegó a casa he encontrado excusas para salir a hacer fotografías. Para probar un nuevo modo. Para buscar una escena diferente. Para grabar un vídeo simplemente porque tenía curiosidad por ver cómo respondía.
Eso no suele pasar. Y cuando ocurre significa que el producto ha conseguido despertar algo más que interés tecnológico. Ha despertado creatividad. Creo que ahí reside una de sus mayores virtudes.
No pretende convertirte en fotógrafo. Consigue que tengas ganas de hacer fotografías. Y esa diferencia es enorme.
Conclusión: el vivo X300 Ultra no vende especificaciones, vende recuerdos
Después de varios días utilizándolo, de recorrer el Bilbao BBK Live con él colgado prácticamente todo el tiempo, de fotografiar a Robbie Williams desde mucho más lejos de lo que me habría gustado, de terminar prácticamente pegado al escenario en el concierto de Bigger Splash, de grabar vídeos con Film Style y de revisar cientos de imágenes al llegar a casa, tengo bastante claro qué representa este dispositivo.
No es simplemente un smartphone con una gran cámara. Tampoco es un teléfono pensado únicamente para entusiastas de la fotografía. Es una herramienta capaz de transformar la forma en la que vives determinados momentos. Porque cuando sabes que vas a poder capturar exactamente aquello que estás viendo, dejas de preocuparte por la tecnología y empiezas a centrarte en disfrutar de la experiencia. Y eso, al final, es lo verdaderamente importante.
Vivimos rodeados de dispositivos que prometen cambiar nuestra vida. Muy pocos lo consiguen realmente. El vivo X300 Ultra con su Kit Fotográfico sí ha cambiado algo en mí. Ha conseguido que vuelva a ilusionarme con la fotografía móvil. Ha conseguido que dude antes de meter la mirrorless en la mochila. Ha conseguido que personas desconocidas se acercaran para preguntarme cómo era posible obtener esas imágenes desde tan lejos. Y, sobre todo, ha conseguido que los recuerdos que me llevo del Bilbao BBK Live no sean simplemente fotografías, sino emociones.
Por eso decía al principio que este no es únicamente un dispositivo tecnológico. Es un dispositivo que mejora la forma de vivir determinadas experiencias. Y, sinceramente, creo que ese es el mejor elogio que puedo hacerle.






