realme gt 8 pro

La familia GT de realme siempre ha tenido una misión muy clara: ofrecer la máxima potencia posible sin disparar el precio hasta los niveles de otros fabricantes. Generación tras generación hemos visto móviles rapidísimos, con pantallas excelentes, autonomías sobresalientes y un rendimiento capaz de competir con cualquier gama alta. Sin embargo, siempre había un apartado donde, en mi opinión, la marca se quedaba un pequeño paso por detrás: la fotografía.

Con el realme GT 8 Pro eso ha cambiado por completo.

Después de utilizarlo durante varios días, tengo la sensación de que este no es simplemente el sucesor del GT 7 Pro, sino el smartphone con el que realme ha decidido demostrar que también puede competir de tú a tú con los grandes referentes de la fotografía móvil. Y no lo hace únicamente incorporando mejores sensores, sino apostando por una colaboración de muchísimo peso con RICOH GR, una de las marcas más respetadas dentro de la fotografía callejera. La alianza va mucho más allá del marketing e introduce un nuevo sistema fotográfico desarrollado conjuntamente, con procesamiento de imagen, modos exclusivos y una filosofía mucho más cercana a una cámara tradicional.

La sensación que transmite desde el primer momento es que realme ha querido construir un teléfono pensado para quienes disfrutan haciendo fotografías, pero sin renunciar a convertirse en uno de los smartphones más potentes del mercado.

Un diseño diferente que invita a personalizarlo

realme gt 8 pro

Si hay algo que llama la atención nada más sacarlo de la caja es su diseño. En un mercado donde prácticamente todos los teléfonos terminan pareciéndose demasiado entre sí, el realme GT 8 Pro intenta aportar algo distinto.

Lo más llamativo es, sin duda, su nuevo concepto Switch Design, que permite modificar la apariencia del módulo de cámaras mediante diferentes placas intercambiables. Puedes optar por un diseño circular, cuadrado o incluso uno con una estética mucho más futurista. Es una idea bastante curiosa que aporta un toque de personalización poco habitual en la gama alta y que demuestra que todavía hay margen para innovar también en el apartado estético.

Personalmente, tengo que reconocer que el módulo del realme GT 7 Pro me parecía especialmente elegante. Era más sobrio y, probablemente, mi favorito. Sin embargo, agradezco que la marca haya querido arriesgar con una propuesta diferente. Al final, quien compra un móvil de este nivel también busca que tenga personalidad propia, y en ese sentido el GT 8 Pro lo consigue.

A esto se suma un acabado realmente premium, materiales muy cuidados y una sensación en mano excelente. Es un dispositivo grande, como cabría esperar de un buque insignia, pero el reparto del peso está muy conseguido y resulta cómodo incluso durante largas sesiones de uso.

Por fin llega el teleobjetivo que la serie GT necesitaba

realme gt 8 pro

Si tuviera que resumir en una sola frase lo que más me ha gustado del realme GT 8 Pro sería esta: por fin la familia GT tiene la cámara que llevaba años reclamando.

Hasta ahora, todos los modelos de la serie destacaban por ofrecer una potencia espectacular, pero siempre había algún compromiso en fotografía frente a otros rivales directos. En esta generación ese compromiso desaparece gracias a la incorporación de un teleobjetivo periscópico de 200 megapíxeles, un salto enorme respecto a generaciones anteriores y una declaración de intenciones por parte de realme.

No se trata únicamente de añadir más megapíxeles a la ficha técnica. Lo realmente importante es que este sensor permite obtener un zoom de mucha más calidad y abre la puerta a fotografías que antes simplemente no estaban al alcance de la familia GT. Durante estos días me he encontrado utilizando mucho más el teleobjetivo de lo que esperaba, algo que dice bastante de su rendimiento.

Pero el hardware solo es una parte de la ecuación.

La colaboración con RICOH GR aporta una personalidad muy marcada al conjunto. Los colores, el tratamiento de la imagen, los perfiles inspirados en las cámaras GR e incluso la experiencia de disparo buscan acercarse a una cámara dedicada más que a un simple smartphone. No pretende competir con una cámara profesional, pero sí consigue que hacer fotografías resulte mucho más divertido y que el resultado tenga un carácter propio, alejándose de ese exceso de procesamiento que todavía encontramos en muchos teléfonos actuales.

Las primeras sensaciones dejan muy claro cuál es su objetivo

Después de los primeros días con él, la conclusión que saco es bastante clara. El realme GT 8 Pro no pretende ser únicamente otro móvil muy potente dentro del catálogo de la marca. Quiere convertirse en un referente dentro de la gama alta, especialmente para quienes valoran la fotografía tanto como el rendimiento.

Y eso es precisamente lo que más me ha gustado de este dispositivo. Evidentemente, hablamos de un auténtico «pepino» en términos de potencia, pero lo que realmente marca la diferencia es que, por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que la cámara está al mismo nivel que el resto del hardware. Ese era el paso que la familia GT necesitaba dar para competir de verdad con los mejores, y creo sinceramente que realme lo ha conseguido.

Un rendimiento preparado para absolutamente todo

realme gt 8 pro

Si hay algo que nunca ha fallado en la familia GT es la potencia. Desde sus primeras generaciones, realme ha convertido esta gama en el escaparate donde demuestra hasta dónde puede llegar su hardware. El realme GT 8 Pro mantiene esa filosofía, pero elevándola un peldaño más.

Durante estos días lo he utilizado prácticamente para todo: edición de fotografías, redes sociales, navegación con decenas de pestañas abiertas, grabación de vídeo en alta resolución, juegos exigentes y jornadas completas de trabajo. El resultado siempre ha sido el mismo: una fluidez espectacular.

No importa cuántas aplicaciones tengas abiertas o cuánto tiempo lleves utilizando el teléfono. En ningún momento transmite la sensación de ir justo de recursos. Todo se mueve con una rapidez que hace que olvides por completo el concepto de espera.

Gran parte de la culpa la tiene el Snapdragon 8 Elite Gen 5, acompañado por configuraciones de memoria que llegan hasta los 24 GB de RAM y un almacenamiento ultrarrápido de hasta 1 TB. Sobre el papel ya impresiona, pero donde realmente demuestra su potencial es en el uso diario. Todo ocurre de forma instantánea, desde abrir aplicaciones hasta procesar fotografías de gran tamaño o exportar vídeos.

Es, sin duda, uno de los teléfonos Android más potentes que he probado este año.

Una pantalla a la altura de un auténtico gama alta

 

La experiencia multimedia también juega un papel fundamental en un dispositivo de este nivel, y aquí el GT 8 Pro vuelve a cumplir con nota.

Su pantalla AMOLED ofrece un nivel de brillo espectacular incluso bajo la luz directa del sol, algo que agradezco especialmente cuando estoy editando fotografías o consultando mapas en exteriores. Los colores resultan intensos sin llegar a verse artificiales, los negros son profundos y el contraste convierte cualquier contenido en una auténtica delicia.

A ello se suma una alta tasa de refresco que hace que absolutamente todas las animaciones resulten extremadamente fluidas. Puede parecer un detalle menor hasta que vuelves a utilizar un teléfono de 60 Hz y recuerdas por qué cuesta tanto renunciar a este tipo de pantallas.

Ya sea viendo una serie, editando fotografías o simplemente desplazándote por la interfaz, el panel transmite constantemente esa sensación de estar utilizando un dispositivo premium.

La batería deja de ser una preocupación

realme gt 8 pro

Otro de los apartados que más me ha convencido es la autonomía.

En los últimos años hemos visto cómo los fabricantes mejoraban el rendimiento de sus procesadores, pero muchas veces eso venía acompañado de un mayor consumo energético. Con el GT 8 Pro sucede justo lo contrario. La enorme batería de 7.000 mAh permite olvidarte prácticamente del cargador durante toda la jornada e incluso afrontar dos días de uso si no eres especialmente exigente.

En mi caso, realizando fotografías constantemente, utilizando GPS, escuchando música, respondiendo mensajes y navegando por redes sociales, nunca he tenido la sensación de estar pendiente del porcentaje restante. Es una tranquilidad que cada vez valoro más en un smartphone.

Y cuando finalmente toca cargarlo, la experiencia vuelve a estar a la altura. La carga rápida hace que recuperar un porcentaje importante de batería apenas lleve unos minutos, algo especialmente útil cuando sales de casa con prisas.

realme UI sigue evolucionando en la dirección correcta

A nivel de software también me he encontrado con un sistema muy maduro.

realme UI mantiene una estética limpia, una enorme capacidad de personalización y un funcionamiento muy fluido. Me gusta especialmente que la marca haya conseguido añadir funciones útiles sin caer en una interfaz excesivamente recargada.

Todo está donde esperas encontrarlo y las opciones de configuración permiten adaptar prácticamente cualquier aspecto del teléfono a tus gustos. Además, la integración de funciones basadas en inteligencia artificial aporta un valor añadido interesante, especialmente en fotografía, productividad y edición de imágenes, sin convertirse en un reclamo constante que termine resultando molesto.

Después de unas horas de uso ya tienes la sensación de conocer perfectamente el sistema.

Un teléfono que no entiende de límites

Lo que más me ha gustado del realme GT 8 Pro es que nunca da la sensación de estar sufriendo.

Hay móviles muy rápidos cuando los utilizas para tareas sencillas, pero que empiezan a mostrar sus límites cuando aumentas el nivel de exigencia. Aquí ocurre justo lo contrario. Cuanto más le pides, más demuestra de lo que es capaz.

Es uno de esos dispositivos que compras pensando en el presente, pero con la tranquilidad de saber que seguirá ofreciendo un rendimiento sobresaliente dentro de varios años. Entre su procesador de última generación, la enorme cantidad de memoria, el almacenamiento ultrarrápido, una pantalla excelente y una batería sobresaliente, el GT 8 Pro se posiciona como uno de los grandes referentes Android de este año.

Y, curiosamente, todo eso termina quedando casi en un segundo plano cuando recuerdas que todavía queda hablar del apartado fotográfico. Porque si hasta ahora me ha parecido un auténtico «pepino» de smartphone, es precisamente la cámara la que termina de darle esa personalidad que durante años había echado en falta en la familia GT.

La fotografía ya está al nivel del resto del hardware

realme gt 8 pro

Si hay un apartado que realmente marca un antes y un después en el realme GT 8 Pro, ese es la fotografía. Durante años he tenido la sensación de que la familia GT era prácticamente impecable en potencia, autonomía o pantalla, pero que siempre se quedaba un pequeño escalón por detrás cuando llegaba el momento de sacar la cámara.

Esta generación cambia completamente esa percepción.

La incorporación del teleobjetivo periscópico supone el salto que llevaba tiempo esperando. No es simplemente una nueva lente para mejorar la ficha técnica, sino una herramienta que cambia la forma de utilizar el teléfono. De hecho, me he sorprendido utilizando mucho más el zoom del que suelo hacerlo con otros smartphones. Poder acercarte a escenas lejanas manteniendo un gran nivel de detalle hace que acabes buscando fotografías que antes ni siquiera te planteabas.

Pero lo mejor no está únicamente en el hardware.

La colaboración con RICOH aporta personalidad

Vivimos una época en la que muchos smartphones hacen fotografías excelentes, pero también muy parecidas entre sí. En ocasiones, cuesta incluso distinguir qué fabricante está detrás de una imagen debido al nivel de procesado automático.

El realme GT 8 Pro intenta romper con esa tendencia gracias a la colaboración con RICOH.

Se nota que la marca japonesa ha participado en el desarrollo de la experiencia fotográfica, aportando una interpretación diferente del color, del contraste y del tratamiento de la imagen. El resultado son fotografías con mucha personalidad, especialmente en fotografía urbana y escenas cotidianas, donde los perfiles inspirados en las cámaras de RICOH consiguen ofrecer un aspecto muy atractivo sin caer en una saturación excesiva.

No pretende convertir el teléfono en una cámara profesional, pero sí consigue que hacer fotografías resulte mucho más divertido y que el resultado tenga un estilo propio. Y eso, hoy en día, me parece casi tan importante como la calidad del sensor.

Una cámara que invita a salir a fotografiar

Hay móviles cuya cámara simplemente cumple cuando la necesitas. Después están los que consiguen despertar las ganas de salir a hacer fotos.

El GT 8 Pro pertenece claramente al segundo grupo.

Durante estos días me he encontrado llevándolo conmigo incluso cuando sabía que no iba a necesitar utilizar el teléfono para trabajar. Simplemente apetecía sacar fotografías, probar el teleobjetivo, jugar con los diferentes perfiles de color o capturar escenas que normalmente habría pasado por alto.

Ese, para mí, es el mayor éxito de realme en esta generación. No solo ha mejorado la calidad fotográfica, sino que ha conseguido que el usuario quiera utilizar la cámara mucho más.

¿Tiene algún punto mejorable?

Resulta complicado encontrar grandes puntos débiles en un dispositivo tan completo.

Si tuviera que señalar alguno, probablemente seguiría apostando por un diseño algo más continuista en la parte trasera. Aunque entiendo perfectamente la idea de ofrecer un módulo de cámaras configurable y me parece una propuesta diferente, personalmente sigo prefiriendo la estética del realme GT 7 Pro, cuyo módulo me parecía algo más elegante y equilibrado.

Es, en cualquier caso, una cuestión completamente subjetiva. Habrá usuarios que precisamente valoren esa posibilidad de personalización como uno de los principales atractivos del dispositivo.

¿Lo compraría?

realme gt 8 pro

Después de varias semanas utilizándolo, tengo bastante clara la respuesta.

El realme GT 8 Pro es el teléfono más completo que ha lanzado la marca dentro de la familia GT. Mantiene todo aquello que siempre ha caracterizado a esta serie —una potencia descomunal, una pantalla excelente, una autonomía sobresaliente y una experiencia de uso rapidísima—, pero añade el ingrediente que durante años le faltaba para competir de tú a tú con los mejores exponentes de la gama alta: una cámara capaz de ilusionar.

Y eso cambia completamente el producto.

Ya no hablamos únicamente de un móvil para quienes buscan el máximo rendimiento. Ahora también es una opción muy seria para quienes disfrutan de la fotografía móvil y quieren un dispositivo que responda en absolutamente todos los escenarios.

Por Ganix Trejo

Ganix Trejo es fundador y redactor de Droid Panic, un proyecto tecnológico nacido en 2012. Ingeniero técnico industrial y especializado en organización industrial, lleva años probando y analizando dispositivos tecnológicos para contar cómo funcionan realmente más allá de sus especificaciones. Smartphones, wearables, audio, hogar inteligente y gadgets forman parte de sus principales áreas de interés.